El problema de la piratería se viene arrastrando desde años atrás y es una práctica que en los últimos años ha retomado con fuerza causando el pánico de muchos tripulantes directamente afectados por la tiranía de los captores. Un ejemplo fue la captura en el 2008 del atunero vasco Playa de Bakio retenido en aguas somalíes.
El conflicto ha vuelto a resurgir. El pasado 12 de ab
ril el capitán Richard Philips fue liberado de su cautiverio tras pasar cuatro días secuestrado por piratas somalíes. Una operación que se llevó a cabo con la crucial intervención del Ejército Estadounidense, autores de un rescate cuanto menos polémico.
El barco Maersk Alabama capitaneado por Philips se dirigía a Mombasa, Kenia, con una carga de ayuda alimentaria cuando a unas 350 millas de la costa somalí fue asaltado por los piratas. La mayoría de la tripulación logró escapar de las garras de los piratas pero no corrió la misma suerte Philips, quien se ofreció como rehén para salvar la vida de sus otros 19 compañeros. Unos días después tras un intento fallido del capitán de huida, los piratas le volvieron a capturar y fue entonces cuando comenzaron las operaciones por parte de la Armada Estadounidense para salvar a este capitán considerado un héroe por parte de la sociedad y del resto de la tripulación.
Los piratas exigían dos millones de dólares por la vida del marinero pero el ejército de Estados Unidos decidió saltarse esta exigencia y hacer uso de la fuerza para lograr el rescate. La marina estadounidense comenzó a “acosar” sin dar tregua a los piratas y sin pensárselo dos veces, en un momento de descuido de los captores llevaron a cabo una arriesgada misión, autorizada por el presidente Barack Obama. Los tiradores de los Navy Seal, un cuerpo de élite de la Armada de EE UU irrumpieron con todo su potencial para salvar al capitán causando la muerte de tres de los secuestradores. En pocos segundos, habían puesto final al único caso de piratería vivido por Estados Unidos en casi dos siglos.
Este desenlace que constituye el primer éxito evidente de la carrera del presidente estadounidense amenaza sin embargo con ser el origen de problemas venideros, ya que los piratas somalíes ya han avisado con matar a rehenes de otros barcos secuestrados o a los que capturen en el futuro para vengar la muerte de sus compañeros. En concreto estas fueron las palabras de Jamac Habeb, un pirata de 30 años desde Eyl, uno de los centros piratas en Somalia: “A partir de ahora, si capturamos buques extranjeros y sus respectivos países intentan atacarnos, mataremos (a los rehenes)”, dijo a The As
sociated Press. Y agregó que las fuerzas estadounidenses “se han convertido en nuestro enemigo principal”. Además, este hecho no es el único ocurrido acerca de la violencia hacia los secuestradores pues el viernes el viernes 10 de abril, comandos franceses liberaron a cuatro nacionales secuestrados en un yate y mataron a otros tres piratas.
La primera respuesta somalí no se hizo esperar ya que el pasado 13 de abril atentaron en el aeropuerto de Mogadiscio (Estados Unidos) contra el avión en el que iba a viajar el congresista estadounidense Donald Payne, quien afortunadamente salió ileso.
Sin embargo, Barack Obama, líder de la operación contra el Maersk Alabama, lejos de amedrentarse afirmó hace unos días que la de las costas de Somalia será otro de sus frentes de su política exterior: «Estoy decidido a poner fin a la amenaza de la piratería». Y es que este joven político ya avisó tras ser electo presidente de Estados Unidos de sus objetivos principales y uno de ellos es resolver conflictos. Y si la situación lo requiere, como en esta ocasión se ha demostrado, no le tiembla la mano a la hora de aplicar mano dura. Esta decidida posición también es compartida por otros líderes mundiales como el ministro de Exteriores keniano, Moses Wetangula, quien aseguró que “no cabe la opción de negociar con piratas. Debemos luchar contra esa gente. La piratería debe terminar. Debemos unir fuerzas con otros países para acabar, de una vez para siempre, con el problema”. Un ejercicio, el de la piratería que lejos de disminuir se ha incrementado en los últimos años: los piratas somalíes retienen actualmente a cerca de una veintena de barcos de varias nacionalidades con más de 300 tripulantes, lo que es considerado como una cifra récord por los expertos marítimos. Esto es debido entre otras razones al mayor potencial técnico y tecnológico empleado por los piratas.
Este alarmante problema necesita de una solución urgente y por ello, países como Estados Unidos ya han anunciado un plan de medidas para acabar con lo que se considera un mal de difícil remedio. Hillary Clinton secretaría de Estado de Estados Unidos ha asegurado: “Podemos estar enfrentando un crimen del siglo XVII pero tenemos que buscarle soluciones del siglo XXI”.
Por tanto, esta amenaza que en un principio era una cuestión de violencia hacia los secuestrados tiene toda la probabilidad de convertirse en una guerra abierta entre secuestradores y secuestrados incluyendo también a los países de ambos lados. Por ello, si se quiere combatir la piratería no hay duda en que se ha de hacer pero no se puede caer en errores que contribuyan a amplificar aún más las dimensiones del problema.
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